.
Listo, lo dije. Esa palabra. La odio, y no puede nadie darse una idea de cuánto. Es un odio que va más allá de mí. Odio una cantidad inmensa de cosas, porque así soy yo. Odio más de lo que amo, de lo que quiero, de lo que tolero, de lo que no me va ni me viene. Y no hay un "no me gusta", por lo general salta a un odio. Hay excepciones. Este caso va al margen de toda esa explicación, ya es un odio extremo e imposible de poner el palabras, o en sentimientos incluso. Y creo que lo que lo lleva a estar en esa posición, que por ser tan extrema es indefinida, es el MIEDO. ¿A qué? A tener que vivirlo en carne propia algún momento en mi vida.
Dicen que no pero, seamos realistas, mi abuela, mi abuelo, mi otro abuelo, mi mama: Todos lo tuvieron, y mi abuelo no pudo superarlo. Creo que si lo tengo que vivir una vez más, en alguien más, no se si podría soportarlo. Es un miedo paralizante, asfixiante. No puedo siquiera ver a una mujer con pañuelo, una serie que hable del tema, escuchar la palabra "cáncer", hablar del tema, sin ponerme mal mínimamente. Y si, lo sé, no está bien. Debería hablarlo con mi psicóloga. Pero ¿qué pasa si no quiero? No quiero, no. Ya voy a querer. Me da miedo, si? Y 45 putos minutos de una sesión no me van a ser suficientes. No quiero tener que irme a mi casa hecha un desastre, para tener que volver a tocar el tema en una semana, y volver a romper lo que pude recomponer en una semana, para volver a irme hecha mierda, a intentar recomponerme. No, gracias.
Esas cosas que escribis hace mucho y hoy te siguen cerrando. Sobre todo, porque lo vuelvo a vivir.
.
.
.
.