A veces creo y hasta siento, y sostengo, que mi vida va a terminar un día, con un blíster de antidepresivos o medicamentos para los nervios que toma mi mamá, y el cielo como compañero en mi muerte. Casi poético, no?
No. Pero sería genialtener el valor para hacerlo.
Una vez más voy a cerrar mis ojos para siempre. Y no me importa sentirme mal, si es lo que quiero. Tragando polvo. Llorando sangre. Anocheciendo.
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