Muchas, incontables veces. Al agua helada, con mareas fuertes. Con rocas cerca. Con tiburones, que esperan con ansias que te lastimes para que sangres, y comerte. Con falsos delfines, que se disfrazan y en realidad siempre fueron tiburones.
Y yo ahí, cayendo, sin siquiera poder prepararme para sumergirme. Cayendo de espaldas y de cabeza, corriendo el riesgo de morir en la caída.
Y esta fría, helada, y pienso «¿Qué paso? ¿Cómo llegue acá?». Intento buscar el arriba, abajo, izquierda, derecha, pero estoy en un medio que no me es natural. Y el frío que carcome los huesos. Y las mareas que sacuden, los tiburones que se frotan las aletas, los delfines que se despintan.
Entonces pienso «Hasta acá llegué», y dejo de moverme. Me quedo quieta, miro lo que me rodea. Y me viene a la mente que esto ya lo viví. Que ya vi tiburones y mareas, y también las volvía a ver de afuera muchas veces. Entonces, ¿por qué no otra vez?. Es mi destino pelear para subir. Sino, hubiera muerto al caer, o ya me habría comido un tiburón, o arrastrado la marea, o golpeado una roca. Pero no lo hizo, y yo estoy nadando, mirando como pude haber muerto y no lo hice. Pero, ¿qué mejor que obligar a los tiburones a comerse entre sí?
Mi momento de luz se opaca bruscamente, cuando pienso «No hay nadie afuera que me haya escuchado caer, o se haya interesado en mi caída». Es entonces cuando los tiburones empiezan a sonreír.
Y ahí entiendo, que aquel que no esta afuera, es marea o tiburón. Y recuerdo que se nadar, y se trepar, y se gritar y hacerme sentir. Empiezo a patear, recordando que no todo es tiburón y marea, y que yo no soy ni tiburón ni marea, y hay alguien ahí afuera que tampoco debe serlo. A medida que subo la marea se pone peor, y los tiburones se acercan más. Se enfurecen las aguas, y se regodean los tiburones. Y a mi me causa gracia ver como se van transformando y desesperando al ver que pierden. Y la risa me da fuerza, y subo más. Y se enfurecen más, y me río más, y más arriba estoy. Y el frío ya no es frío sino una sensación más allá de mis prioridades.
Una mano acaricia el viento, y la otra la acompaña. Y el cielo aparece, y me inunda de fortaleza. Me recuerda que siempre está ahí, y siempre me va a recibir cuando salga del agua. Y el aire que entra a mi boca y nariz, todo junto, e invade mis pulmones, y me dice "estás cerca".
Mis piernas nadan, y mis manos tocan tierra y trepan hasta no poder trepar más, no por falta de fuerzas sino por llegar a la cima. Y cuando después de largos minutos logro subir, miro a la marea enfurecida. Lanzo una carcajada.
Desde allí, los tiburones y la marea no son más que peces en un charco.
Y aunque se que nos vamos a volver a ver, me río y me voy, sabiendo que el día que pase, o muero al caer, o me río al salir. Después de todo, ustedes son sólo peces y un charco. Y yo, un ser fuerte e inagotable por definición.
Mirá como no pudiste comerme, (censurado) (?).
Cuantas Veces, Jaime Sin Tierra.
5 comentarios:
cuantas vecesss te caisteeeeeee , AWWW amo al jaime, y esa foto es totalmente perfecta, te envidio, las mias son re poronga, jaja, se echaba abajo mal xD, besito goss
La foto la sacó Santi :)
Bueno, haciendo una crítica más constructiva sobre el texto... yo te diría que confies en el karma. Todo vuelve, y cuando vuelva, más de uno se va a mofar, y creo que hasta yo me puedo llegar considerar una de esas personas, porque si hay algo que me gusta es ver como la gente obtiene lo que merece. Je.
Hablamos, y escuchá el tema que te mandé de Sui.
si, todo lo que escribo, lo escribo yo , como sabes, estudio algo con eso y pronto estare editando mi libro, dios me oiga, grupo planeta me oiga (? jajajaj, beso e.e
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